Cubrebocas Confinamiento. Cuarentena. Temor. Desde 2020 son ya palabras familiares. Y si bien es normal, incluso saludable, temerle a una pandemia, el miedo que se ha producido ha facilitado la manipulación del público y está poniendo en riesgo la libertad y os derechos civiles.
La autora Laura Dodsworth que escribió: "A State of Fear", en el cual detalla cómo el gobierno del Reino Unido utilizó el miedo como arma durante la pandemia del COVID-19, y explicó:
“En uno de los documentos más extraordinarios jamás revelados al público británico, los científicos del comportamiento que asesoraron al gobierno dijeron que un número considerable de personas no se sentían lo suficientemente amenazadas por el COVID-19 como para seguir las reglas. Aconsejaron al gobierno que aumentara nuestro sentido de "amenaza personal", para asustarnos y someternos".
Describe el estado actual de las cosas como una "guerra política contra la respiración", de modo que si tiene COVID-19, se convierte en el "enemigo" y su respiración se convierte en su arma. A medida que aumenta el miedo, también aumenta el deseo de control, incluso cuando se trata de algo tan vivificante como el respirar. "La respiración ha pasado de ser sagrada a ser pecaminosa", escribió Dodsworth.
Las medidas de sanidad sobre el COVID son moralistas
Las restricciones sin precedentes implementadas por los gobiernos de todo el mundo durante la pandemia han tenido profundos costos de salud económicos, sociales, físicos y psicológicos para la sociedad.
Por ejemplo, en un estudio del Reino Unido publicado en la revista Psychiatry Research, se encontró un aumento significativo en los síntomas de depresión y una disminución significativa del bienestar durante el confinamiento, mientras que más de un tercio de los estudiantes universitarios estaban clínicamente deprimidos, cuando al inicio solamente era el 15%. La sobredosis de drogas también aumentó.
Desde diciembre de 2019 hasta diciembre de 2020, se estimaron 93 331 muertes por sobredosis en los Estados Unidos, lo que representa un aumento del 29.4% en un año. Ciertos estados tuvieron un aumento creciente en comparación con el año anterior, incluyendo Kentucky, con un aumento de las muertes por sobredosis del 53.7% y Virginia Occidental, con un aumento del 49.3%.
Sin embargo, estas muertes están justificadas a través de la narrativa del COVID, como necesarias para prevenir las muertes por esta enfermedad, justificación que está respaldada por la moralización de las acciones sanitarias del COVID-19. Como lo explica un estudio en el Journal of Experimental Social Psychology:
"Dicha moralización de los esfuerzos que se basan en la salud puede generar asimetrías en el juicio, por lo que los subproductos dañinos de esos esfuerzos, es decir, el daño instrumental, se perciben como más aceptables comparados con el daño de los esfuerzos que no pertenecen al COVID-19, por ejemplo, el priorizar la economía".
En uno de sus experimentos, la vergüenza pública, las muertes, enfermedades y el abuso de poder policial se consideraron como más aceptables si se relacionaban con los esfuerzos para minimizar el COVID-19, que cuando resultaban de medidas que no se relacionaban con la enfermedad, por ejemplo, disminuir las muertes en carreteras.
En otro experimento, los sujetos calificaron la calidad de la investigación de forma menos favorable cuando "cuestionaron la continuación de una estrategia de eliminación del COVID-19 en Nueva Zelanda, que cuando cuestionaron el abandono de una estrategia de eliminación", lo que sugiere que cuestionar los esfuerzos para eliminar el COVID-19 es moralmente condenado. La moralización de las medidas de mitigación del COVID-19 se ha arraigado tanto en la sociedad que los investigadores creen que han alcanzado un nivel de valor sagrado. Según Dodsworth:
“Por lo general, la moralidad ha estado al revés en una época impulsada por el miedo. No toleramos las muertes por el COVID-19, pero no nos interesan otro tipo de causas de muerte.
Nos dijeron que teníamos que proteger a los ancianos, pero fueron trasladados de hospitales a residencias y descubrimos que se han pasado por alto 50 000 casos de demencia. El gobierno demostró un entusiasmo preocupante por el uso furtivo de la vergüenza, la intimidación y el miedo para hacer que la nación cumpla con las reglas del confinamiento.
A nivel cultural y económico, el encierro fue más fácil para las clases medias y la élite que para las clases trabajadoras y los trabajadores de primera línea, quienes sirvieron a las otras clases. Las feministas se confunden al explicar por qué "mi cuerpo, mi elección" no aplica para los mandatos de las vacunas. Escuelas cerradas. La gente moría sola en casa. Centrarse en un virus nunca fue una simple ecuación moral".
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Se marca el inicio de la biopolítica
La pandemia ha marcado el comienzo de una era de biopolítica, un término utilizado por primera vez por el filósofo francés Michel Foucault. A medida que aumenta el gobierno biopolítico, el control político se extiende a los procesos biológicos que controlan a la vida misma. El biopoder se convierte en el poder soberano y los procesos que gobiernan la vida humana están controlados bajo un régimen autoritario.
Dodsworth escribió: "Georgio Agamben, el filósofo italiano, ha escrito sobre la reducción de la vida a la biopolítica. Para reducir simplemente la teoría, dice que el hombre que está "maldito" (en este caso infectado o incluso posiblemente infectado) puede ser apartado de la sociedad normal y debe vivir una "vida desnuda", la vida reducida a la forma más simple. En el "estado de excepción" se olvidan a acatar las leyes y la moral normales".
El uso del lenguaje militar
Tales transiciones a un estado policial han sido bien recibidas debido al uso intencional del lenguaje militar, que sugiere que estamos "en guerra" con el SARS-CoV-2. Boris Johnson incluso comparó GAVI (anteriormente la Alianza Global para Vacunas e Inmunizaciones), financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates con la OTAN en 2020 y, al hacerlo, reveló un "cambio de paradigma sísmico en cómo percibimos a nuestros 'enemigos".
Ahora, cada uno de nosotros es un posible enemigo, dependiendo de si nuestras acciones se consideran aceptables en la escala de la moral del COVID. En junio de 2021, el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos también publicó una nueva "Estrategia nacional para combatir el terrorismo nacional". Si bien se enmarca en gran medida como una herramienta para luchar contra la supremacía blanca y el extremismo político, la definición de lo que constituye un “terrorista doméstico” es increíblemente vaga y se basa en ideologías.
El periodista de investigación Glenn Greenwald declaró que el objetivo final de la guerra emergente contra el terrorismo interno es "esencialmente criminalizar cualquier ideología de oposición a la clase dominante", y agregó: "Literalmente no hay nada que pueda ser más peligroso, y no se trata de generar miedo o alarmismo para decirlo". Como dijo Dodsworth, una "guerra" contra cualquier cosa, ya sea un virus o diferentes ideologías, es una herramienta que marca el comienzo de un mayor control autoritario:
“El lenguaje militar se ha utilizado durante toda la epidemia. Estamos "en guerra" con un virus. Hablar de pelear transmite fuerza y ofrece la esperanza de ganar cuando nos sentimos fuera de control. Pero la guerra también requiere que las poblaciones hagan sacrificios y obedezcan a la cadena de mando. Nos recuerda que no solo estamos en riesgo, somos el riesgo. Somos el enemigo.
Como la guerra y el terror justifican un estado de seguridad, el virus justifica un estado de bioseguridad. Las fronteras se vuelven a trazar de lo geopolítico a lo biopolítico y son controladas por el estado. La detención legal de personas sanas, el castigo de los que infringen las reglas y la exigencia de pasaportes de vacunas están permitidos por las leyes de emergencia, pero también habilitados por una narrativa de deshumanización.
Las personas que rompen las reglas son "peligrosas" (pueden ser contagiosas), "estúpidas" y "socialmente irresponsables". Los inseguros, inmundos y peligrosos pueden romper el aire de los virtuosos que se vacunaron. Estas actitudes surgen originalmente del miedo natural a una epidemia, pero están respaldadas por la continua manipulación de los miedos".
Las inconsistencias no se pueden cuestionar
A lo largo de la pandemia, los funcionarios de salud han cambiado su postura con respecto a los cubrebocas, el distanciamiento social, la propagación asintomática y el confinamiento. Los bloqueos iniciales estaban destinados a aplanar la curva del COVID-19, pero incluso después de que eso sucediera, se continuó con el confinamiento por más tiempo.
Con cada encierro, la sociedad se volvió más distante, más tolerante con el aislamiento y, a menudo, más temerosa. Surgieron preguntas sobre la efectividad de las medidas opresivas como estas, para frenar las infecciones, pero los que hablaron fueron silenciados.
La censura es quizás más profunda entre quienes piden más información sobre las vacunas antiCOVID-19 y los riesgos de una campaña de vacunación masiva con un producto experimental. Se suponía que las vacunas detendrían la propagación del COVID-19, pero las personas vacunadas aún pueden transmitir el virus.
Incluso la Organización Mundial de la Salud aconseja a las personas que están vacunadas que continúen usando cubrebocas debido a la variante Delta porque "la vacuna no detendrá la transmisión comunitaria". Las inconsistencias son ensordecedoras. Como lo expresó Dodsworth:
“A la par se nos dice que, si se tiene la vacuna, aún puede infectarse y transmitir el COVID, pero si no se la pone, pone a otros en riesgo. El argumento debería doblegarse bajo el peso de su propia incoherencia, pero en cambio, los pasaportes de vacunas están siendo obligatorios en varios países con una sincronicidad inquietante. No es conspiración o paranoia alarmarse por tales hechos".
El Dr. Robert Malone, inventor de la tecnología de la plataforma central de la vacuna de ARNm y ADN, también se ha pronunciado sobre los riesgos de las vacunas de terapia génica de la COVID-19. Hablando con Aga Wilson con Newsvoice, Malone enumeró varios eventos adversos que ya están alarmando a la gente. Otro punto importante: la censura impide la plena comprensión de estos riesgos.
Cardiotoxicidad |
Problemas de coagulación |
Preocupaciones sobre la salud reproductiva de la mujeres |
Aborto espontáneo en el primer y segundo trimestre (esto aún no se ha confirmado), Trombocitopenia (bajo conteo de plaquetas) |
Trastornos en el cerebro y el sistema nervioso |
Síndrome de Guillain-Barré (GBS) |
También es un mito que la única forma de alcanzar la inmunidad colectiva es mediante la vacunación universal. Como dijo Malone: "la inmunidad colectiva se alcanza con mayor frecuencia a través de una infección natural. Las vacunas no nos ayudarán a lograr la inmunidad colectiva".
Vacunados vs no vacunados
Al comienzo de la pandemia, se habló de que las comunidades se unieran y se mantuvieran fuertes en un frente unido para combatir el virus. Ahora, estamos viendo el rápido surgimiento de dos grupos de personas: las que están vacunadas contra el COVID-19 y las que no.
With the roll out of vaccine passports, unvaccinated people are being increasingly excluded from certain concert venues and travel, including being prohibited from entering certain pools, restaurants, parties and bars on cruise ships.
La ciudad de Nueva York lanzó el Excelsior Pass, que documenta el estado de su vacuna y, a partir del 16 de agosto de 2021, se requerirá prueba de la vacuna para ingresar a restaurantes, gimnasios y teatros. En todo el mundo, las personas que no se vacunen podrían perder sus privilegios mientras se les avergüenza y etiqueta como egoístas. Dodsworth escribió:
“En Israel, el lenguaje utilizado para describir a los no vacunados es divisivo. "Aquellos que rechazan las vacunas ponen en peligro su salud, la de los que los rodean y la libertad de todos los ciudadanos israelíes", dijo el primer ministro Naftali Bennett.
"Quienes rechazan las vacunas nos hacen daño a todos porque si todos estuviéramos vacunados, todos podríamos seguir la rutina del día a día". A quienes no se vacunen se les debe excluir de gran parte de la vida pública, desde los cines hasta las sinagogas, a menos que se hagan la prueba".
En un guiño a las inconsistencias que han plagado a la pandemia, no se menciona a las personas que tienen inmunidad natural a una infección previa por el COVID-19 y eligen no vacunarse por esa razón. Mientras tanto, "si bien la crisis puede catalizar un cambio emocionante y positivo", señaló Dodsworth, "no se debe forjar un nuevo código moral con miedo". Ahora es el momento de dar un paso atrás y ver a través de la niebla antes de alimentar el miedo y etiquetar a amigos y vecinos como "enemigos".