Kyle Warner tiene 29 años y estaba en la cima de su carrera como corredor profesional de bicicletas de montaña, hasta que, en junio de 2021, recibió su segunda dosis de la vacuna antiCOVID-19 de Pfizer. Los efectos secundarios de la vacuna fueron tan graves, que hacer demasiado esfuerzo físico o mental lo dejaba postrado en cama durante días.
Warner compartió su experiencia con John Campbell, un enfermero y maestro jubilado, a través de una entrevista a principios de noviembre de 2021. Warner también se dirigió a Washington, D.C. para difundir el mensaje de que las vacunas antiCOVID-19 no siempre son tan seguras como afirman. Incluso las personas de 20 años de edad y en gran estado físico pueden sufrir daños graves, por esta razón Warner también está en contra los mandatos de vacunación.
"Creo que, si existe un riesgo, debemos tener el derecho a elegir", dijo Warner.1 Pero lo que hacen es engañar a la población. "En lugar de que la decisión de las personas se base en la transparencia total de la información, lo que hacen es coaccionarlas para que su decisión se base en información incompleta".2
El médico no le cree que sus reacciones sean a causa de la vacuna antiCOVID
Warner decidió ponerse la vacuna antiCOVID porque necesitaba viajar al extranjero. A mediados de mayo de 2021 recibió su primera dosis de la vacuna de Pfizer, la cual solo le causó dolor en el brazo, pero el 10 de junio, tras recibir la segunda dosis, ni siquiera le dolió el brazo, por lo que pensó que todo había salido bien.
Pero sí presentó un síntoma extraño que ocurrió en cuestión de segundos y que pudo haber sido la señal de que había un problema grave: “En cuanto me inyectaron, comencé a tener la extraña sensación de sabor a metal en la boca, y le pregunté al chico: '¿es normal?' y me dijo que no, que casi no reportan ese efecto".3 De acuerdo con Campbell:4
“El hecho de que el médico no reconozca que un sabor metálico en la boca podría ser un signo de una administración intravascular accidental me preocupa mucho, porque lo que sucede es que, si la vacuna entra en su músculo, entonces permanece en su músculo y tardará una media hora o mucho más para que se absorba de manera sistémica. Pero la sensación de sabor a metal se presenta cuando entra en un vaso.
Así que, para mí, el hecho de que este síntoma se presentara de inmediato, significa que por accidente le administraron la vacuna en un vaso sanguíneo, lo que, en pocas palabras, produjo una reacción inflamatoria en el corazón y en las articulaciones en lugar del brazo".
Uno o dos días más tarde, sin dolor en el brazo, pensó que todo iba bien, pero unas dos semanas después comenzó a tener reacciones cardíacas muy extrañas. Durante el día, comenzó a experimentar períodos de frecuencia cardíaca acelerada. Es un atleta profesional, así que Warner conoce muy bien su cuerpo.
Por lo general, utiliza un reloj inteligente que registra su frecuencia cardíaca y de esta manera sabe qué es normal y qué no, por lo que un día estaba sentado (en reposo) y su frecuencia cardíaca se disparó a los 90 e incluso superó los 100. Esto lo llevó a tomar la decisión de eliminar todos los estimulantes como la cafeína, por si acaso, y se tomó dos semanas de descanso porque no se sentía nada bien.
Tras este periodo de descanso, decidió ir a dar una vuelta y su frecuencia cardíaca se disparó a 160, manteniéndose elevada. Al sentirse débil y con náuseas, le pidió a un amigo que lo llevara a la sala de emergencias. Le dijo al médico de urgencias que había escuchado sobre la miocarditis como efecto secundario de las vacunas de ARNm y que pensaba que estaba sufriendo esa reacción, pero lo ignoraron por completo y le dijeron que no tenía ninguna reacción, sino que se trataba de un ataque de ansiedad.
Después de que le dijeron que su problema no era una emergencia y tenía que esperar, se sentó en la sala de espera durante 3.5 horas hasta que le inyectaron el medicamento antiinflamatorio no esteroideo Toradol que trata la artritis reactiva. Su frecuencia cardíaca se redujo a 110, por lo que el médico le dijo que ya estaba mejor, sin importar que eso representaba casi el doble de su frecuencia cardíaca promedio.
Pero al médico se le hizo más fácil mandarlo con un psiquiatra por algo que relaciono como un "episodio psicótico", y según Warner, al sugerir que sus reacciones eran a causa de la vacuna, los profesionales de la salud lo tacharon de imaginar cosas, "ser un anti vacunas o un teórico de la conspiración", pero cuatro días después tuvo que regresar al hospital.
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Pericarditis, POTS y artritis reactiva
Después de algunos días de haber estado en la sala de emergencias, Warner volvió a presentar problemas cardíacos, pero esta vez fue una fuerte sensación de presión en el pecho junto con calambres y ardor. Decidió ir a otro hospital y esta vez sí lo tomaron en serio, le dijeron que podría tratarse de una miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco, por lo que lo remitieron a un cardiólogo.
Desde entonces, se ha reconocido que la miocarditis y la pericarditis, la inflamación del revestimiento externo del corazón, son reacciones de las vacunas antiCOVID-19, las cuales suceden con mayor frecuencia entre adolescentes varones y adultos jóvenes tras recibir la segunda dosis.5,6 El cardiólogo diagnosticó a Warner con pericarditis junto con síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS) y artritis reactiva.
El POTS es un trastorno de la circulación sanguínea que afecta al sistema nervioso autónomo y puede desencadenarse por las inyecciones, como la vacuna antiCOVID-19 de ARNm.7 Uno de los síntomas distintivos del POTS es un aumento significativo en la frecuencia cardíaca cuando una persona se pone de pie y la frecuencia cardíaca permanece elevada durante un período más largo de lo normal. También puede causar fatiga, náuseas, mareos, palpitaciones cardíacas e intolerancia al ejercicio.
Como ciclista profesional, Warner había sufrido algunas lesiones que ya se habían curado, así que antes de vacunarse no padecía ningún tipo de dolor. Pero tras recibir su segunda dosis, sintió como si todas sus viejas heridas se hubieran reactivado y fue algo muy doloroso. Por ejemplo, le dolían tanto las muñecas que ni siquiera podía abrocharse el cinturón de seguridad.
Desde hace cuatro meses, Warner ha estado tan enfermo que no ha podido trabajar, ya que incluso el esfuerzo mental le puede provocar una recaída física. Cuando tiene un "buen" día y hace algunas cosas, vuelve a sentir dolor durante varios días. Incluso leer lo hace sentir muy agotado.
Aunque ya no tiene síntomas de pericarditis, aún presenta síntomas de la artritis reactiva y POTS, que pueden durar de 12 a 18 meses o más. Pero Warner es un atleta profesional que estaba en un gran estado físico y que conoce muy bien su cuerpo, por eso pudo actuar a tiempo, pero muchas otras personas no corren con la misma "suerte".
Falta de apoyo a las personas que sufren lesiones a causa de las vacunas
Más de 60 personas se han acercado a Warner para compartir sus experiencias y las lesiones que sufrieron por las vacunas antiCOVID-19. Muchos habían decidido callar por temor a las burlas, a que los ridiculicen o a que los etiqueten como "antivacunas" solo por contar su experiencia. Pero es muy importante que sepan que no están solos.
Hasta el 15 de octubre de 2021, el Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas había recibido 818 044 reportes de eventos adversos relacionados con las vacunas antiCOVID-19, que incluyen 17 128 reportes de muerte.8 Investigaciones previas demuestran que solo entre el 1 %9 y 10 %10 de las reacciones adversas se reportan ante el VAERS, que es un sistema de notificación pasivo y voluntario, por lo que el número real podría ser mucho mayor. Steve Kirsch estima que podría haber más de 5 millones de efectos adversos sin reportar.
Warner tuvo que presentar su propio reporte ante el VAERS porque se dio cuenta que ningún médico lo haría por él, le tomó 45 minutos completarlo, un período de tiempo que muchos médicos no pueden o no quieren tomarse cuando se trata de reportar las reacciones adversas a las vacunas que presentan sus pacientes.
En una manifestación pública que se celebró en Washington, D.C., Warner habló ante los políticos para levantar la voz en apoyo a todas las personas que han sufrido lesiones a causa de las vacunas, así como para oponerse a sus mandatos de vacunación.
Su misión es que los funcionarios electos y las agencias federales de salud reconozcan que existe el problema de las reacciones adversas a las vacunas, así como crear conciencia sobre estas reacciones dentro de la comunidad médica. También lucha por exenciones de la vacuna y se oponen a los mandatos de vacunación:11
“Estas consecuencias que no son tan "poco comunes" han dañado la vida de muchas personas. Personas que sufrieron lesiones a causa de estas vacunas y que piden el apoyo de los medios de comunicación y del gobierno para poder recibir una mejor atención y tratamiento médico. Estas personas ya hicieron su parte al recibir estas vacunas, así que lo menos que pueden hacer por ellos es ayudarlos".
Warner también estuvo en contacto con React 19, una organización que también busca crear conciencia sobre los eventos adversos de las vacunas antiCOVID-19. Warner dijo que la mujer que creó este grupo es una de las primeras pacientes del ensayo clínico de la vacuna y una de las primeras personas que sufrió lesiones relacionadas con la vacuna antiCOVID-19 en los Estados Unidos. El grupo ha dado seguimiento a las lesiones de 5000 personas y como parte de su programa de investigación dirigido por pacientes, ha hecho un llamado a otras personas para compartir sus historias.12
Por desgracia, Warner dijo que seis de las personas que sufrieron eventos adversos se suicidaron el mes pasado; ya que con la narrativa del gobierno actual que silencia y censura a quienes hablan sobre los riesgos de las vacunas antiCOVID-19, estas personas no tienen la oportunidad de hablar sobre sus experiencias. Como dijo Warner, ahora que no puedo trabajar, ni hacer todo lo que hacía antes de ponerme la vacuna, "me siento inútil".13
Warner ha realizado varias terapias que cree que han ayudado, incluyendo la ivermectina, el té de agujas de pino y el anís estrellado. Su médico le recomendó mantenerse bien hidratado, usar mallas de compresión y ejercitarse de forma leve en posición supina para recuperar la fuerza, pero aún no puede andar en bicicleta.
Las personas lesionadas por las vacunas no tienen muchas esperanzas
Aunque las autoridades de salud han comenzado a reconocer la relación entre la miocarditis y las vacunas antiCOVID-19, hay muchos otros eventos adversos que siguen ignorando. Se ha reportado neuroinflamación, fuertes dolores de cabeza, epilepsia e incluso ceguera, dijo Warner. A pesar de que cada vez hay más personas con lesiones por las vacunas que piden ayuda, las leyes estadounidenses protegen a las compañías farmacéuticas con una exención de responsabilidad.
En los Estados Unidos, los fabricantes de vacunas ya tienen una especie de "pase gratis" cuando se trata de la responsabilidad por las lesiones de sus vacunas.
El Tribunal de Reclamaciones Federales en Washington, D.C., se encarga de las reclamaciones por las lesiones a causa de las vacunas y existe un fondo fiduciario con el que se pagan estas reclamaciones, lo que hace que las compañías de seguros que representan a los fabricantes y proveedores de vacunas se encarguen de los costosos pagos por lesiones y muertes.14
Pero en este “tribunal de vacunas” solo presta atención a las reacciones adversas a las vacunas que se recomiendan de manera rutinaria, lo que no aplica para las vacunas antiCOVID-19, porque de manera conveniente, estas vacunas tienen su propio Programa de Compensación por Daños causados por Contramedidas.15 Por desgracia, la conclusión es la siguiente, como señaló Barbara Loe Fisher de NVIC:
"Si alguien muere o sufre una lesión permanente por una vacuna experimental antiCOVID, que pronto recibirán la autorización por parte de la FDA, no puede demandar a la compañía farmacéutica que la fabricó, incluso si hay evidencia de que la compañía podría haberla hecho menos reactiva o más efectiva".