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Dormir bien disminuye las infecciones

Análisis escrito por Dr. Joseph Mercola Datos comprobados

dormir bien sueño profundo

Historia en Breve -

  • De acuerdo con las investigaciones, el descanso mejora la eficiencia de la respuesta de las células T, lo que le permite a su sistema inmunológico eliminar más eficazmente los organismos externos, tales como los virus
  • Los receptores acoplados a proteína G (GPCR, por sus siglas en inglés), como la adrenalina y prostaglandina, impiden que las células del sistema inmune activen una proteína pegajosa llamada integrina, que le ofrece a los timocitos la capacidad de adherirse al organismo infectado
  • Se ha encontrado una mayor concentración de moléculas que inhiben la activación de la integrina en enfermedades como la malaria y el cáncer, lo que sugiere que es posible que esta vía contribuya a la supresión inmunológica que está relacionada con estas mismas patologías
  • Las personas que se despiertan durante el primer ciclo de sueño también tienden a tener niveles más bajos de células NK, y se ha demostrado que el sueño profundo fortalece la memoria que el sistema inmune tiene de los patógenos con los que ya se ha encontrado
  • Investigaciones anteriores demostraron que los relojes circadianos de los ratones controlan un gen esencial del sistema inmune que les ayuda a sus cuerpos a detectar y ahuyentar tanto bacterias como virus

En investigaciones previas se ha demostrado que la falta o privación del sueño tiene el mismo efecto que el estrés físico en su sistema inmune. Cuando los voluntarios en dichas investigaciones permanecieron despiertos durante 29 horas seguidas, se observó que su conteo de glóbulos blancos aumentaba durante la ausencia de sueño.

Es normal que su cuerpo responda de manera similar cuando está enfermo o estresado. Así que, en pocas palabras, ya sea que esté físicamente estresado, enfermo o con falta de sueño, su sistema inmunológico se vuelve hiperactivo y comienza a producir glóbulos blancos que son la primera línea de defensa contra invasores externos, tales como los organismos infecciosos.

Tener un conteo elevado de glóbulos blancos suele ser una señal de enfermedad. Es decir que su cuerpo reacciona a la falta de sueño de la misma manera en que reacciona a la enfermedad. A su vez, su sistema inmunológico es fundamental para controlar la inflamación en su cuerpo y, si no funciona de manera óptima, su capacidad para combatir la infección se verá afectada.

Según lo informado por Science Daily:

“El sueño refuerza la capacidad potencial de algunas de las células del sistema inmune para adherirse a sus objetivos...

Este estudio, liderado por Stoyan Dimitrov y Luciana Besedovsky de la Universidad de Tübingen, ayuda a explicar cómo el sueño puede combatir una infección, mientras que otras afecciones, como el estrés crónico, pueden hacer que el cuerpo sea más susceptible a las enfermedades”.

La activación de los receptores acoplados a proteína G provoca una disminución en la función inmune

Cuando su sistema inmunológico percibe que está siendo invadido por un organismo externo, como un virus, envía glóbulos blancos conocidos como células T (timocitos). Posterior a esto, y gracias a unas proteínas pegajosas llamadas integrinas, las células T se pueden adherir al organismo infectado para eliminarlo.

Dimitrov y su equipo decidieron investigar los efectos de las moléculas de señalización conocidas como receptores acoplados a proteína G (GPCR, por sus siglas en inglés).

Aunque ya se sabía que estas moléculas de señalización tienen efectos inmunosupresores, aún faltaba determinar si dichas moléculas eran capaces de inhibir la activación de las integrinas por parte de las células T, que es lo que la investigación buscaba identificar.

Lo que descubrieron fue que, en efecto, hay ciertos GPCR que impiden que las células T activen a las integrinas una vez que han identificado al organismo que debe ser eliminado, es decir, el objetivo. Los GPCR que han demostrado tener esta capacidad incluyen:

La adrenalina y noradrenalina (hormonas)

La prostaglandina E2 y D2 (moléculas proinflamatorias)

La adenosina (un neuromodulador)

El sueño profundo es un gran aliado para combatir las infecciones

Considerando que los niveles de adrenalina y prostaglandina disminuyen durante el sueño, y que se ha demostrado que ambas sustancias suprimen la activación de la integrina, el equipo continuó su investigación comparando las células T de los voluntarios en dos momentos: mientras dormían y durante la privación del sueño (cuando los voluntarios se mantenían despiertos durante toda la noche).

Todos los voluntarios se infectaron de citomegalovirus, un virus que suele ser benigno, ya que así tendrían mayores cantidades de células T capaces de identificar a los antígenos de forma específica. La hipótesis se confirmó al encontrar que las células T tienen mayor capacidad de activar la integrina durante el sueño que durante la vigilia.

Finalmente, los hallazgos revelaron que al dormir se inhibe la activación de los GCPR y es por ello que el sueño le ayuda a su cuerpo a combatir la inflamación. Según Besedovsky:

“Nuestros hallazgos muestran que el sueño tiene el potencial de hacer que la respuesta de las células T sea mucho más eficiente, lo cual es de gran importancia considerando la alta prevalencia de trastornos y situaciones caracterizadas por la falta de sueño, tales como la depresión, estrés crónico, envejecimiento y trabajos nocturnos”.

El Dr. Louis DePalo, profesor de medicina pulmonar, cuidados intensivos y trastornos del sueño en la Facultad de Medicina Icahn en Mount Sinai de la ciudad de Nueva York, quien no participó en el estudio, dijo para Reuters:

“Múltiples estudios clínicos han demostrado que las personas que no obtienen sueño de calidad o que no duermen lo suficiente son más propensas a enfermarse después de estar expuestas a los virus.

Este estudio demuestra que hay otra vía molecular en la que la calidad y cantidad apropiada de sueño puede apoyar al sistema inmune a través de las células inmunitarias conocidas como células T”.

El sueño también desempeña un papel importante en el cáncer

Dimitrov también señala que muchas afecciones patológicas, incluyendo a la malaria y el cáncer, provocan una mayor concentración de moléculas que inhiben la activación de la integrina, lo que sugiere que “es posible que esta vía contribuya a la supresión inmunológica que está relacionada con estas patologías”.

Desde luego, sabemos que el crecimiento de los tumores se acelera cuando las personas no duermen bien. Una de las explicaciones previas para esto era la supresión de la melatonina, un poderoso antioxidante que ayuda a combatir el cáncer. Un reporte clínico publicado en 2009 “Melatonin, Sleep Disturbance and Cancer Risk”, señala que:

“La melatonina, una hormona de la glándula pineal, participa en aspectos tales como la regulación de los ritmos circadianos y activación del sueño, la inhibición del desarrollo y crecimiento del cáncer y mejoramiento de la función inmunológica.

Aquellas personas que están expuestas con regularidad a la luz durante la noche, como los trabajadores de turnos nocturnos, experimentan una alteración en su ritmo biológico (circadiano), incluyendo los desplaces en sus ciclos circadianos, supresión nocturna de la melatonina y trastornos del sueño.

Además, estas personas no solo tienen una inmunodeficiencia, sino que también corren un mayor riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer. Existe una interacción y regulación recíproca entre el sueño y el sistema inmunológico que va más allá de la melatonina.

Los trastornos del sueño pueden conducir a una inmunodeficiencia y a un incremento en la presencia de citoquinas que simulan el desarrollo del cáncer. Algunos estudios sugieren que dormir menos horas por la noche se asocia con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama...

Es posible que el refuerzo mutuo que surge de la interacción entre los ritmos circadianos que estimulan la producción de melatonina, el ciclo de sueño-vigilia y la función inmune, demuestre la importancia de la función que desempeña el sueño sin interrupciones y de alta calidad, así como la oscuridad ininterrumpida, como un mecanismo endógeno que solía no ser apreciado en la prevención del cáncer”.

El vínculo entre la respuesta del sistema inmune, el sueño y el estrés

En otra investigación también se demostró la enorme cercanía y conexión que hay entre el sueño y la función inmunológica. Por ejemplo, un estudio de 1998 descubrió que las personas que tenían más probabilidades de despertarse durante el primer ciclo de sueño también solían tener menores niveles de células asesinas naturales (o NK, por sus siglas en inglés).

En general, la edad del paciente resultó ser el factor más importante de los niveles de células NK, pero las alteraciones del sueño fueron responsables de alrededor del 12 % de la variación en el nivel de células NK.

Se sabe que el estrés interfiere con el funcionamiento del sistema inmunológico y, además, se ha encontrado que aumenta la susceptibilidad al resfriado común y retrasa la cicatrización de las heridas.

La falta de sueño es un factor estresante, lo cual provoca que las hormonas del estrés sean liberadas, y se cree que éste ha sido uno de los primeros estudios en proporcionar evidencia directa que vincula al sueño con el estrés y el sistema inmune.

Otra investigación sugiere que el sueño profundo fortalece la memoria que el sistema inmune tiene de los patógenos con los que ya se ha encontrado. De esta manera, su sistema inmunológico puede generar una respuesta mucho más rápida y efectiva al encontrarse con un antígeno por segunda vez.

Su ritmo circadiano y su función inmune tienen una relación estrecha

Otro estudio, publicado en 2012, encontró que el ritmo circadiano de los ratones controla un gen esencial del sistema inmunológico que les ayuda a sus cuerpos a detectar y ahuyentar tanto bacterias como virus. Cuando los niveles de ese gen en particular (TLR9) eran superiores, los ratones estaban en mejores condiciones para resistir las infecciones.

Lo interesante fue que, al provocar una sepsis, la gravedad de la enfermedad dependía de en qué momento del día se provocaba la sepsis. Dicha gravedad tenía una correlación directa con los cambios cíclicos en el TLR9.

Según los autores, esto puede explicar por qué los pacientes sépticos suelen tener un mayor riesgo de morir entre las 2 am y las 6 am. El Dr. Erol Fikrig, autor del estudio y profesor de epidemiología en la Escuela de Medicina de Yale, dijo que:

“Estos hallazgos no solo revelan que hay un vínculo molecular directo entre los ritmos circadianos y el sistema inmunológico, sino que también dan paso un nuevo paradigma en cuanto a la biología que hay detrás de la respuesta general del sistema inmune, así como la importancia de lo que esto implica para la prevención y tratamiento de las enfermedades.

Además, los pacientes en la unidad de cuidados intensivos a menudo sufren de alteraciones en sus patrones de sueño debido al ruido, exposición a la luz nocturna y medicamentos. En un futuro, será de gran importancia investigar cómo estos factores influyen en la expresión del gen TLR9 y en las respuestas del sistema inmune”.

Otras consecuencias del sueño insuficiente

Tomando en cuenta el papel clave que el sueño desempeña en su función inmunológica, no es difícil entender que la falta de sueño pueda tener múltiples consecuencias, lo cual impacta a una amplia variedad de afecciones. Pero eso no es todo.

El sueño también repercute en la expresión de los genes, regulación de las hormonas y desintoxicación del cerebro, entre otros, lo que refuerza aún más su importancia.

Además de disminuir su función inmunológica e incrementar su susceptibilidad a las infecciones y el cáncer, otros problemas de salud relacionados con la falta de sueño incluyen los siguientes:

Mayor riesgo de problemas neurológicos, desde depresión hasta demencia y Alzheimer — Su barrera hematoencefálica se vuelve más permeable con la edad, permitiendo el paso a más toxinas.

Esto, en conjunto con una menor eficiencia del sistema glinfático debido a una falta de sueño, permite que el daño en su cerebro ocurra más rápidamente, y se cree que este deterioro desempeña una función importante en el desarrollo del Alzheimer.

Mayor riesgo de diabetes tipo 2 — En un estudio “el exceso de somnolencia durante el día” elevó al 56 % el riesgo de diabetes tipo 2.

Mayor riesgo de obesidad.

Mayor riesgo de presión arterial, ataques cardiacos y enfermedad cardiovascular

Otras investigaciones han demostrado que las mujeres que tienen menos de cuatro horas de sueño por noche tienen el doble de riesgo de morir por una enfermedad cardíaca.

En otro estudio, los adultos que dormían menos de cinco horas cada noche tenían 50 % más calcio coronario, una señal de una próxima enfermedad cardíaca, que aquellos que regularmente duermen siete horas.

Mayor riesgo de osteoporosis

Mayor riesgo de dolor y padecimientos relacionados con el dolor, como la fibromialgia — En un estudio, la falta de sueño fue el predictor más fuerte del dolor en adultos mayores de 50 años.

Mayor susceptibilidad a las úlceras estomacales

Función sexual afectada

Una mayor probabilidad de sufrir de depresión y ansiedad (incluyendo el trastorno de estrés postraumático), así como de esquizofrenia y tendencias suicidas: De hecho, los investigadores no han podido encontrar ningún trastorno psiquiátrico en el que el sueño del paciente sea normal.

Envejecimiento prematuro al interferir con la producción de la hormona del crecimiento, que suele ser liberada por la glándula pituitaria durante un sueño profundo.

Mayor riesgo de morir por cualquier causa — Comparado con las personas sin insomnio, el rango de riesgo de mortalidad por cualquier causa entre aquellos con insomnio crónico fue 300 % más elevado.

Optimizar su sueño puede ayudarle a evitar problemas crónicos

Si vivir una vida larga y saludable está entre sus planes, entonces no cabe ninguna duda de que el sueño debe ser una prioridad.

Sería importante que cualquier persona que esté luchando con una enfermedad crónica se tomara la falta de sueño en serio ya que puede tener un impacto significativo, no solo porque puede agravar su afección, sino porque contrarresta cualquier otra estrategia saludable que esté integrando a su estilo de vida para solucionarlo.

La regla de oro es intentar dormir alrededor de ocho horas cada noche. Cualquier cosa por debajo de las siete horas comienza a afectar su salud (en el caso de los adultos). Para muchos, esto significa dejar las actividades nocturnas y acostarse a una hora razonable.

Si necesita levantarse a las 6 am, debe tener un límite para apagar las luces entre las 9:30 y 10 pm, dependiendo de la rapidez con la que esté acostumbrado a quedarse dormido.

La buena noticia es que hay muchas maneras de mejorar sus probabilidades de dormir bien, incluso si en este momento sufre de alteraciones del sueño.

En los artículos, “¿Quiere dormir bien durante la noche? Optimice su rutina y santuario para dormir” y “El sueño: por qué es necesario y 50 maneras de optimizarlo”, enumeré mis principales recomendaciones con base en las investigaciones de varios expertos en el campo del sueño.

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