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La mortalidad por demencia se ha duplicado en dos décadas

Análisis escrito por Dr. Joseph Mercola Datos comprobados

alzheimer demencia

Historia en Breve -

  • Hoy en día la enfermedad de Alzheimer (que es la forma más grave de demencia para la cual no existe una cura o tratamiento convencional que sea efectivo), afecta a aproximadamente 5.8 millones de personas en Estados Unidos. Para el 2050, se proyecta que esa cifra llegue a los 14 millones
  • El último informe del Centro Nacional de Estadísticas de Salud revela que la tasa de mortalidad por demencia aumentó más del doble entre 2000 y 2017, de 84 000 a 261 914
  • Estos datos se basaron en certificados de defunción; los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) admitieron que la cifra real de fallecimientos no está completa (y un estudio realizado en 2014 también lo demostró)
  • Si los cambios en la memoria o capacidad de razonamiento son lo suficientemente graves como para ser percibidos por familiares y amigos, es posible que padezca un deterioro cognitivo leve; es decir, una ligera disminución en sus capacidades cognitivas que podría elevar su riesgo de desarrollar demencia más grave, incluyendo a la enfermedad de Alzheimer. Hay un debate sobre los primeros signos de advertencia
  • Para proteger su salud cerebral y prevenir el deterioro mental, que puede resultar en la enfermedad de Alzheimer, es fundamental llevar una dieta cetogénica alta en grasas, moderada en proteínas y baja en carbohidratos. Se abordan otros factores de riesgo y sugerencias sobre cómo minimizar su riesgo

Hoy en día, la enfermedad de Alzheimer (que es la forma más común de demencia para la cual no existe una cura o tratamiento convencional efectivo) afecta aproximadamente a 5.8 millones de personas en los Estados Unidos, en comparación con los 5.4 millones en 2016. Para 2050, se prevé que esa cifra alcance los 14 millones.

Las investigaciones publicadas en 2014 revelaron que las cifras de la enfermedad de Alzheimer se habían elevado hasta el punto de convertirla en la tercera causa de muerte en los Estados Unidos.

Por cuestiones de precisión, aunque los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) continúan enlistado a la enfermedad de Alzheimer como la sexta causa de muerte en los Estados Unidos, esta clasificación se basa en certificados de defunción, y el estudio encontró que la enfermedad de Alzheimer no se había reportado como causa de muerte en los certificados de defunción.

El recalculo basado en la evaluación de los órganos donados por los enfermos expuso la cifra real de muertes atribuibles a la demencia, que era 503 400, lo que la convierte en la tercera causa de muerte, justo detrás de las enfermedades cardíacas y el cáncer.

Según los datos de los CDC, la tasa de mortalidad por Alzheimer aumentó en un 55 % entre 1999 y 2014. Ahora, el último informe del Centro Nacional de Estadísticas de Salud revela que la tasa de mortalidad por demencia se duplicó significativamente entre 2000 y 2017, de 84 000 a 261 914.

En 2017, 46 % de las muertes por demencia se atribuyeron a la enfermedad de Alzheimer. Otras formas de demencia incluyen a la demencia vascular, sin especificar y otras enfermedades degenerativas del sistema nervioso.

Pero, de nuevo, esta información se basa en certificados de defunción, que los CDC admiten (así como el estudio realizado en 2014, que se muestra anteriormente) que la cifra real de fallecimientos no está completa.

¿Podrían sus problemas de la memoria ser un síntoma de la enfermedad de Alzheimer?

Como señala CNN, la progresión de la enfermedad de Alzheimer puede variar, pero a menudo comienza con lapsos de memoria a corto plazo que luego evolucionan a problemas del habla y en las funciones ejecutivas.

Si los cambios en su memoria o capacidad de razonamiento son lo suficientemente graves como para ser percibidos por sus familiares y amigos, es posible que padezca un deterioro cognitivo leve (MCI, por sus siglas en inglés). El MCI es un deterioro leve en las capacidades cognitivas que puede elevar el riesgo de desarrollar demencia más grave, incluyendo a la enfermedad de Alzheimer.

Si el trastorno mental que manifiesta es tan significativo que interfiere con su capacidad de desempeño o para vivir de forma independiente, podría ser un indicio de la aparición de la demencia.

Por ejemplo, es normal tener problemas para encontrar la palabra correcta en alguna ocasión, pero si olvida las palabras con frecuencia y repite frases e historias durante una conversación, podría haber algún problema.

El video anterior analiza 10 señales de alerta temprana de la enfermedad de Alzheimer y compara estos signos con ejemplos de cambios cognitivos típicos relacionados con el envejecimiento que no son motivo de gran preocupación. También podrá encontrar una lista similar compilada por la Asociación de Alzheimer.

Otra señal de advertencia es perderse o desorientarse en lugares conocidos (al contrario de pedir una dirección en alguna ocasión).

Si puede describir posteriormente un momento en el que olvido algo, como perder las llaves, es un buen indicio; una señal más grave sería no poder recordar situaciones en las cuales la pérdida de memoria ocasionó un problema, aunque sus seres queridos se lo describan. Otras señales de advertencia de MCI o demencia incluyen:

Dificultad para realizar tareas cotidianas, como pagar facturas o cuidar de su higiene personal

Hacer la misma pregunta una y otra vez

Dificultad para tomar decisiones

Exhibir falta de juicio o conductas sociales inapropiadas

Cambios en la personalidad o pérdida de interés en sus actividades favoritas

Lapsos de memoria que pueden poner en riesgo a las personas, como dejar la estufa encendida

Incapacidad para reconocer rostros u objetos familiares

Negar un problema de memoria existe, y enojarse cuando otros lo mencionan

Si su memoria le falla, implemente la dieta cetogénica

Si su memoria falla con tanta frecuencia como para producirle un atisbo de preocupación o duda, entonces es el momento de actuar. Para proteger su salud cerebral y prevenir el deterioro mental, que puede resultar en la enfermedad de Alzheimer, es fundamental llevar una dieta cetogénica alta en grasas, moderada en proteínas y baja en carbohidratos.

Uno de los estudios más sorprendentes que demuestran los efectos de llevar una alimentación alta en grasas/baja en carbohidratos frente a una alimentación alta en carbohidratos para la salud cerebral reveló que los tipos de alimentación altos en carbohidratos pueden elevar en un 89 % el riesgo de demencia, mientras que los tipos de alimentación altos en grasas podrían reducirlo en un 44 %.

Según los autores, "un patrón alimenticio con un consumo calórico relativamente alto de carbohidratos, así como bajo en grasas y proteínas podría elevar el riesgo de deterioro cognitivo leve o demencia en personas de edad avanzada". Llevar una dieta cetogénica podría beneficiar al cerebro de diversas maneras. Como, por ejemplo,

Activa la producción de cetonas — Una dieta cetogénica cíclica podría ayudarle a pasar del modo de quema de carbohidratos al de quema de grasas, lo que a su vez podría hacer que su cuerpo produzca cetonas, una fuente importante de energía (combustible) para el cerebro, que ha demostrado ayudar a prevenir la atrofia cerebral y aliviar los síntomas de la enfermedad de Alzheimer.

Incluso podrían restaurar y renovar la función neuronal y nerviosa en el cerebro después de haberse establecido el daño.

Mejora la sensibilidad a la insulina — Una dieta cetogénica cíclica también podría mejorar su sensibilidad a la insulina, que es un factor importante en la enfermedad de Alzheimer. El vínculo entre la sensibilidad a la insulina y enfermedad de Alzheimer es tan fuerte que algunas veces la enfermedad es conocida como diabetes tipo 3.

Incluso un leve incremento en los niveles de azúcar en la sangre podría relacionarse con un riesgo elevado de demencia. También, se sabe que la diabetes y enfermedades cardíacas pueden elevar este riesgo, y ambas podrían ser causadas por la resistencia a la insulina.

Así mismo, un estudio longitudinal publicado en la revista Diabetologia, en enero de 2018, destacó la relación entre los tipos de alimentación altos en azúcar y la enfermedad de Alzheimer.

Durante una década, se realizó el seguimiento de casi 5190 personas, y los resultados demostraron que cuanto más altos eran los niveles de azúcar en la sangre de una persona, más rápida era su tasa de deterioro cognitivo.

De igual manera, los estudios han confirmado que cuanto más resistente a la insulina sea una persona, menos azúcar tendrá en ciertas partes cruciales de su cerebro, y por lo general, estas áreas corresponden a las áreas afectadas por la enfermedad de Alzheimer.

Disminuye el daño causado por los radicales libres e inflamación en el cerebro — Las cetonas no solo son quemadas de forma muy eficiente y constituyen un combustible superior para el cerebro, sino que también pueden generar menor cantidad de especies reactivas del oxígeno y daño de radicales libres.

Una cetona llamada betahidroxibutirato también es un factor epigenético importante, ya que estimula la drástica disminución del estrés oxidativo al disminuir el NF-kB así como la inflamación y niveles de NADPH, además puede producir cambios beneficiosos en la expresión del ADN, lo que podría mejorar el proceso de desintoxicación y producción de antioxidantes.

En mi nuevo libro KetoFast (actualmente disponible solo en inglés) explico los pormenores de la implementación de este tipo de alimentación y sus múltiples beneficios para la salud. En esta obra, también explico por qué es tan importante hacer ciclos de festines e inanición, en vez de realizar la cetosis nutricional de forma continua.

¿Cuáles son las causas de la enfermedad de Alzheimer?

Con frecuencia, se dice que las causas subyacentes de la enfermedad de Alzheimer son desconocidas, pero hay diversas teorías. Al parecer, la resistencia a la insulina, que expuse antes, es un factor muy significativo, pero no es el único.

Con base en los estudios científicos disponibles, enseguida se encuentran otros factores responsables destacados o probables, que podrían elevar el riesgo de la enfermedad de Alzheimer, así como sugerencias para evitarlos:

Alimentación con alto contenido de azúcar y alimentos procesados — La resistencia a la insulina es un resultado directo de llevar una alimentación alta en azúcar. Los alimentos procesados también pueden contener un sin número de ingredientes diferentes que son dañinos para el cerebro, tal como el gluten, aceites vegetales, ingredientes transgénicos y pesticidas.

La solución es mantener los niveles de insulina en ayunas inferiores a 3; minimizar el consumo de azúcar, incrementar el consumo de grasas saludables y concentrarse en alimentos reales — Si sus niveles de insulina son altos, es probable que consuma demasiada cantidad de azúcar, por lo que debe disminuirla.

Lo ideal es mantener los niveles de azúcar añadida al mínimo y el consumo de fructosa total inferior a 25 gramos por día, o tan bajo como 15 gramos por día, si ya es resistente a la insulina/leptina o padece algún trastorno relacionado. Para lograr ese nivel, tendrá que consumir alimentos reales y enteros, ya que los alimentos procesados están cargados de azúcares añadidos.

Es importante percatarse de que en realidad el cerebro no necesita carbohidratos ni azúcares; las grasas saludables, como las grasas saturadas y omega-3 de origen animal, son mucho más importantes para mantener una función cerebral óptima.

También debe recordar estar muy atento a los tipos de grasas que consume; debe evitar todas las grasas trans o hidrogenadas. Eso incluye a la margarina, aceites vegetales y diversos productos untables tipo mantequilla.

Las grasas saludables que deben incluirse en la alimentación son el aguacate, mantequilla, yemas de huevos orgánicos de gallinas camperas, coco y aceite de coco, carnes de animales alimentados con pastura y frutos secos sin procesar, como las nueces de macadamia y pecanas. El aceite MCT también es una excelente fuente de cuerpos cetónicos.

Abuso del alcohol — Según una investigación publicada en 2018, el consumo de alcohol es un factor de riesgo importante para la demencia. Este estudio, que es el más extenso de su tipo, concluyó que los trastornos por consumir alcohol "son los factores de riesgo prevenibles más significativos para la aparición de todos los tipos de demencia, en especial la demencia de aparición temprana", informó Science News.

La solución puede ser limitar la cantidad y tratar el trastorno por consumo de alcohol.

Deficiencia de vitamina D — El Centro de Investigación Escocés Sobre la Demencia, señaló que hay una clara relación entre la deficiencia de vitamina D y demencia.

De hecho, los estudios han demostrado que la vitamina D desempeña un papel vital en la salud cerebral, función inmunológica, expresión génica e inflamación, que influyen en la enfermedad de Alzheimer. Una gran variedad de tejidos cerebrales contiene receptores vitamina D, y al activarse gracias a esta vitamina, facilitan el crecimiento de los nervios en su cerebro.

Los investigadores también creen que los niveles óptimos de vitamina D mejoran los niveles de importantes sustancias químicas cerebrales, y protegen a las células cerebrales al aumentar la efectividad de las células gliales, recuperando así la salud de las neuronas.

En un estudio realizado en el año 2014, que en ese momento fue considerado el estudio más amplio de su tipo, quienes tenían severas deficiencias de vitamina D presentaban un riesgo 125 % mayor de desarrollar alguna forma de demencia, en comparación con aquellos con niveles normales.

Los resultados también sugieren que hay un nivel límite de vitamina D circulante, por debajo del que se incrementa el riesgo de padecer demencia. Se encontró que este umbral parecía ser alrededor de los 20 nanogramos por mililitro (ng/ml) o 50 nanomoles por litro (nmol/L) en las personas en Europa.

En general, los niveles más altos se asocian con una mejor salud cerebral. Con base en una visión más amplia de conocimientos científicos disponibles, tener 20 ng/ml sigue siendo un nivel demasiado bajo.

La solución puede ser optimizar los niveles de vitamina D — La mayor parte de la investigación sugiere mantener niveles entre 60 y 80 ng/mL (150 a 200 nmol/L) de vitamina D durante todo el año. Lo ideal es analizar los niveles dos veces al año y, en caso de no poder mantener niveles saludables con una prudente exposición a los rayos del sol, debe asegurarse de tomar un suplemento de vitamina D3 por vía oral.

Bajos niveles de grasas omega-3 — Según la investigación de neuroimagenología, los bajos niveles de grasas omega-3 podrían ser un factor en la enfermedad de Alzheimer, y ciertamente las grasas omega-3 pueden ser un componente fundamental para la salud cerebral óptima en general.

Se encontró que las personas con niveles más elevados de grasas omega-3 tenían mayor flujo sanguíneo en áreas del cerebro relacionadas con la memoria y el aprendizaje.

Además, Journal of Alzheimer Disease señala que las investigaciones realizadas en animales demuestran que los ácidos grasos omega-3 han manifestado actividad antiamiloide, antitau y antiinflamatoria en el cerebro.

La solución puede ser optimizar el índice de grasas omega-3 — Lo ideal es realizarse una prueba de índice de grasas omega-3 una vez al año, para asegurarse de estar en el rango saludable. El índice de grasas omega-3 debe ser superior al 8 % y la proporción de grasas omega-6 a omega-3 debe situarse entre 0.5 y 3.0.

Falta de exposición al sol — Aunque la deficiencia de vitamina D es directamente atribuible a la falta de exposición prudente a los rayos del sol, la producción de vitamina D no es la única manera en que la exposición al sol puede influir en el riesgo de padecer demencia.

Las pruebas sugieren que la luz solar es una frecuencia electromagnética (EMF, por sus siglas en inglés) beneficiosa que de hecho es esencial y vital para la salud por sí sola.

Aproximadamente el 40 % de los rayos en la luz del sol son infrarrojos. Las frecuencias, roja e infrarrojo cercano interactúan con la citocromo c oxidasa (CCO), una de las proteínas de la membrana mitocondrial interna y componente de la cadena de transporte de electrones. La enzima CCO es un cromóforo, una molécula que atrae y absorbe la luz.

Es decir, la luz solar mejora la generación de energía (ATP). La frecuencia óptima para estimular la CCO se encuentra en dos regiones, rojo entre los 630 y 660 nanómetros (nm) e infrarrojo cercano entre los 810 y 850 nm.

La solución puede ser exponerse al sol con regularidad o considerar la terapia de fotobiomodulación — Entrevisté a dos expertos en fotobiomodulación, un término que describe el uso del infrarrojo cercano como tratamiento para el Alzheimer. Para obtener más información sobre esta fascinante área, por favor vea mis entrevistas con Michael Hamblin, Ph. D. y el Dr. Lew Lim. Ambos han publicado artículos sobre el uso de la fotobiomodulación para tratar la enfermedad de Alzheimer.

Infección por priones — Además de los virus, bacterias y hongos, la enfermedad de Alzheimer se ha relacionado con una proteína infecciosa llamada TDP-43, que se comporta como las proteínas infecciosas conocidas como priones, que son las responsables de la destrucción cerebral que ocurre en la enfermedad de las vacas locas y la enfermedad del desgaste crónico.

La investigación presentada en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer en 2014 reveló que era 10 veces más probable que los pacientes de Alzheimer con TDP-43 hubieran sufrido daños cognitivos al morir, en comparación con los que no tenían la proteína.

El año pasado, los investigadores también descubrieron que podían medir la distribución y niveles de priones en los ojos, lo cual puede mejorar el diagnóstico de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (CJD, por sus siglas en inglés), la versión humana de la enfermedad de las vacas locas.

La solución puede ser evitar consumir carne de animales criados en operaciones concentradas de alimentación animal (CAFO) — Debido a sus similitudes con la enfermedad de las vacas locas, los investigadores han planteado la posibilidad de que la enfermedad de Alzheimer podría estar relacionada con el consumo de carne de animales criados en CAFO.

Existen diversas razones para evitar los productos animales de CAFO, y esta es otra más, aún si este riesgo en particular es pequeño.

Toxinas ambientales, incluyendo a los campos electromagnéticos (EMFs) — Con base en una revisión sistemática de la bibliografía científica, los expertos del Centro de Investigación de la Demencia 'Alzheimer Escocia', de la Universidad de Edimburgo han compilado una lista de los principales factores de riesgo ambiental que se cree que pueden contribuir a la epidemia.

Se cree que hasta un tercio del riesgo de padecer demencia es causado por factores medioambientales, como la contaminación del aire, exposición a los pesticidas y vivir cerca de líneas eléctricas. El factor de riesgo que tiene el conjunto de investigación más amplio, es la contaminación del aire.

De hecho, no pudieron encontrar un sólo estudio que no demostrara una relación entre la exposición a la contaminación del aire y la demencia.

Las partículas, óxidos nítricos, ozono y monóxido de carbono se han relacionado con un mayor riesgo. Vivir cerca de líneas eléctricas también tiene evidencia "limitada pero sólida" que sugiere que esto podría influir en la susceptibilidad para desarrollar demencia.

La solución puede ser minimizar la exposición a toxinas ambientales y EMF — En términos de contaminación del aire, valdría la pena recordar que a menudo el aire en interiores podría estar cinco veces más contaminado que el aire en el exterior; y en ambientes encerrados, puede controlarlo por medio de un purificador de aire de alta calidad. Al consumir alimentos orgánicos certificados puede evitar los pesticidas.

Los EMF no nativos contribuyen a la enfermedad de Alzheimer debido a que envenenan sus mitocondrias, y esto no se limita a vivir cerca de las líneas eléctricas. También incluye la interferencia electromagnética (EMI, por sus siglas en inglés) de la red eléctrica y radiación de microondas de celulares, torres de telefonía celular y wif.

La radiación de los teléfonos celulares y otro tipo de tecnologías inalámbricas puede desencadenar la producción excesiva de peroxinitritos, una especie de nitrógeno reactivo muy dañino. El incremento de los peroxinitritos por la exposición a teléfonos celulares puede dañar a las mitocondrias, y el cerebro es el órgano con mayor cantidad de mitocondrias en el cuerpo.

Para obtener más información sobre los mecanismos que podrían poner en peligro su salud, así como las medidas que podría tomar al respecto, consulte "Reduzca su exposición a los EMF, no permita que su wifi lo perjudique".

Inactividad/falta de ejercicio — Hacer ejercicio ha demostrado proteger al cerebro de la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia, y también puede mejorar su calidad de vida en caso de que ya haya recibido este diagnosticado.

En un estudio, los pacientes que tuvieron un diagnóstico de Alzheimer de leve a moderado y participaron en un programa de cuatro meses de ejercicio supervisado, disminuyeron significativamente los síntomas neuropsiquiátricos relacionados con la enfermedad (en especial su agilidad mental y enfoque), en comparación con el grupo de control que no realizó ejercicios.

Otros estudios han demostrado que hacer ejercicio aeróbico ayuda a reducir los niveles cerebrales de tau. (Lesiones cerebrales conocidas como marañas tau que se forman cuando la proteína tau colapsa en forma de filamentos entrelazados que acaban matando a las células cerebrales).

La función cognitiva y la memoriatambién pueden mejorar al ejercitarse con regularidad, y este efecto está en parte relacionado con el que tiene el ejercicio sobre la neurogénesis y regeneración de las células cerebrales.

Al tener como objetivo una vía genética llamada factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), en realidad, el ejercicio promueve el desarrollo de las células cerebrales y conectividad. En un estudio de un año de duración, las personas de edad avanzada que hicieron ejercicio desarrollaron y expandieron su centro de memoria cerebral hasta en un 2 % anual, el cual generalmente se contrae al envejecer.

La evidencia también sugiere que hacer ejercicio puede desencadenar un cambio en la forma en que es metabolizada la proteína precursora amiloide, frenando de esta manera la aparición y progresión de la enfermedad de Alzheimer.

Al aumentar sus niveles de proteína PGC-1 alfa (que es deficiente en los pacientes con Alzheimer), el cerebro produce menor cantidad de la proteína tóxica amiloide relacionada a la enfermedad de Alzheimer. Como señaló un artículo realizado en 2016 sobre este tema:

"Las intensidades moderadas y altas han demostrado generar un efecto neuroprotector a través de producir enzimas antioxidantes y factores de crecimiento, como la superóxido dismutasa, eNOS, BDNF, factores de crecimiento nervioso, factores de crecimiento similares a la insulina y factor de crecimiento endotelial vascular.

Al disminuir la producción de ROS, neuroinflamación, concentración de placas de Aβ en las regiones cognitivas y patología tau, puede mejorar el flujo sanguíneo cerebral, hiperemia, reactividad cerebrovascular y memoria".

La solución puede ser moverse de forma regular y constante a lo largo del día, e implementar una rutina de ejercicio regular.

Hipertensión y enfermedades cardíacas — La rigidez arterial (aterosclerosis) está relacionada con un proceso característico de la enfermedad de Alzheimer, es decir, la acumulación de placa beta-amiloide en el cerebro.

La Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) advierte que hay una fuerte asociación entre la hipertensión y las enfermedades cerebrales, como el deterioro cognitivo vascular (pérdida de la función cerebral causada por la alteración del flujo de sangre al cerebro) y la demencia.

La solución puede ser abordar la presión arterial alta y factores de riesgo de enfermedades cardíacas — Uno de los remedios naturales más importantes para la presión arterial alta es incrementar la producción de óxido nítrico, que puede realizar por medio de ejercicios de alta intensidad (incluyendo el ejercicio súper sencillo de liberación de óxido nítrico), y consumir alimentos con alto contenido de nitratos, como el betabel y rúcula.

Para obtener más información, consulte mi artículo "Descubra como nutrirse con nitratos".

Predisposición genética — Se han identificado diversos genes que pueden predisponerle a la enfermedad de Alzheimer. El gen más común asociado con el Alzheimer de inicio tardío es el gen de la apolipoproteína E (APOE). Se cree que el tipo APOE e2 reduce su riesgo mientras que el tipo APOE e4 lo aumenta.

Dicho lo anterior, algunas personas nunca desarrollan la enfermedad a pesar de que han heredado el gen APOE e4 tanto de su madre como de su padre (lo cual lo duplica), por lo tanto, aunque la genética puede afectar su riesgo, NO es una causa directa o inevitable.

El riesgo de desarrollar Alzheimer hereditario de inicio temprano también puede determinarse a través de pruebas genéticas. En este caso, al buscar una mutación en los genes de presenilina 1 y presenilina 2.

La solución puede ser realizar pruebas genéticas para ayudar a determinar el riesgo — Las personas con una o más predisposiciones genéticas corren un riesgo particularmente alto de desarrollar Alzheimer a una edad muy joven.

Otras estrategias preventivas

En 2014, Bredesen publicó un artículo que demostraba el poder de las opciones de estilo de vida para la prevención y tratamiento de la enfermedad de Alzheimer.

Al aprovechar los 36 parámetros de estilo de vida saludable, pudo revertir la enfermedad de Alzheimer en 9 de cada 10 pacientes. Esto incluyó el uso de recursos como el ejercicio, dieta cetogénica, optimización de los niveles de vitamina D y otras hormonas, mayor cantidad de horas de sueño, meditación, desintoxicación, así como la eliminación del gluten y alimentos procesados.

Puede descargar el texto completo del caso de Bredesen en línea, que detalla el programa completo. Las siguientes son algunas estrategias de estilo de vida que, además de las que ya mencioné anteriormente, podrían ser útiles para prevenir la demencia y enfermedad de Alzheimer.

Optimice su microbioma intestinalPara ello, evite los alimentos procesados, antibióticos y productos antibacterianos, agua fluorada y clorada; además, debe asegurarse de consumir alimentos tradicionalmente fermentados y cultivados, y en caso de ser necesario, junto con probióticos de alta calidad.

El Dr. Steven Gundry hace un excelente trabajo al abordar detalladamente este tema en su libro The Plant Paradox (La paradoja de las plantas).

Haga un ayuno intermitente — El ayuno intermitente es una poderosa herramienta para impulsar al cuerpo a recordar cómo quemar grasas y solucionar la resistencia a la insulina/leptina, que es el principal factor contribuyente para la enfermedad de Alzheimer.

Optimice sus niveles de magnesio — La investigación preliminar sugiere firmemente que tener mayores niveles de magnesio en el cerebro podría disminuir los síntomas de Alzheimer. Tome en consideración que el único suplemento de magnesio que aparentemente tiene la capacidad de cruzar la barrera hematoencefálica es el treonato de magnesio.

Evite y elimine el mercurio en su cuerpo — Los rellenos de amalgamas dentales son una de las principales fuentes de toxicidad por metales pesados.

Sin embargo, debe estar sano antes de que se los extraigan. Una vez que se haya adaptado a la alimentación descrita en mi plan de nutrición optimizado, podrá seguir el protocolo de desintoxicación de mercurio y, posteriormente, buscar un dentista biológico para que le extraiga sus amalgamas.

Evite y elimine el aluminio de su cuerpo — Las fuentes comunes de aluminio incluyen a los antitranspirantes, utensilios de cocina antiadherentes y adyuvantes de vacunas. Para obtener recomendaciones sobre cómo hacer una desintoxicación de aluminio, consulte mi artículo "Los mejores consejos para desintoxicar su cuerpo".

Evite las vacunas contra la gripe. La mayoría de las vacunas antigripales contienen mercurio y aluminio.

Evite las estatinas y medicamentos anticolinérgicos — Se ha demostrado que los medicamentos que bloquean la acetilcolina, un neurotransmisor del sistema nervioso, aumentan el riesgo de demencia. Estos medicamentos incluyen a ciertos analgésicos nocturnos, antihistamínicos, somníferos, ciertos antidepresivos, medicamentos para controlar la incontinencia y ciertos analgésicos narcóticos.

En particular, las estatinas son problemáticas porque suprimen la síntesis del colesterol, agotan los niveles de los precursores neurotransmisores, vitamina K2 y coenzima Q10 del cerebro.

Además, evitan el suministro adecuado de ácidos grasos esenciales y antioxidantes liposolubles en el cerebro, al inhibir la producción del transportador necesario, es decir, la biomolécula conocida como lipoproteína de baja densidad.

Duerma la cantidad de horas adecuadas — El sueño es una parte esencial para mantener la homeostasis metabólica cerebral. Si no duerme la cantidad de horas requeridas, ocurrirá una degeneración neuronal; y tratar de dormir durante los fines de semana no prevendrá ese daño.

La privación del sueño provoca la interrupción de cierta conexión sináptica que podría deteriorar la capacidad cerebral para el aprendizaje, formación de la memoria y otras funciones cognitivas. Dormir deficientemente también acelera la aparición de la enfermedad de Alzheimer.

La mayoría de los adultos necesitan entre siete y nueve horas de sueño ininterrumpido cada noche. El sueño profundo es la fase más importante, ya que es cuando el sistema glifático cerebral realiza sus funciones de limpieza, al eliminar los desechos tóxicos del cerebro, incluyendo a las beta-amiloides.

Para obtener un guía extensa sobre el sueño, consulte "¿Quiere dormir bien durante la noche? Optimice su rutina y santuario para dormir".

Desafíe su mente todos los días — La estimulación mental, en especial, saber algo nuevo, tal como aprender a tocar un instrumento o un idioma nuevo, está relacionada con un menor riesgo de demencia y Alzheimer. Los investigadores sospechan que los desafíos mentales ayudan al desarrollo del cerebro, al hacerle menos susceptible a las lesiones relacionadas con la enfermedad de Alzheimer.

+ Fuentes y Referencias