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Este virus podría salvarle la vida

Escrito por Dr. Joseph Mercola Datos comprobados

virus puede salvar vidas

Historia en Breve -

  • No todos los virus son dañinos para los seres humanos; algunos son depredadores de bacterias por naturaleza y los científicos están aprendiendo a aprovecharlos para tratar aquellas infecciones bacterianas que son resistentes a los antibióticos y tienen altas tasas de mortalidad
  • La viroterapia atrajo la atención después de que una investigadora luchara con un virus bacteriófago contra una infección por acinetobacter resistente a los antibióticos y el paciente, quien también era su esposo, se recuperara por completo
  • La Universidad de Cambridge ha vuelto a estimar el número de muertes que se atribuyen a las bacterias resistentes a los antibióticos, el cual aumentó de 23 000 a 90 000 cada año
  • Un ambiente con higiene extrema puede reducir tanto su bioma viral como el bacteriano y afectar de manera negativa su capacidad para combatir infecciones. Evite el uso de jabones y productos químicos antibacterianos, así como usar antibióticos a menos que sea necesario

Los seres humanos están en una nueva carrera armamentista contra las bacterias capaces de desarrollar una resistencia a los antibióticos mucho más rápido de lo que los científicos pueden diseñar nuevos medicamentos. La resistencia a los antibióticos, así como a múltiples medicamentos, ha sido impulsada por una variedad de factores que se le atribuyen al estilo de vida moderno.

Aunque el uso excesivo de antibióticos en humanos es un factor, en realidad no es más que una pieza del rompecabezas.

En 2017, la Administración de Alimentos y medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos prohibió oficialmente el uso de antibióticos en las operaciones concentradas de alimentación animal (CAFO, por sus siglas en inglés) que se realizaba con el fin de promover el crecimiento del ganado. El uso de antibióticos ahora requiere de prescripción veterinaria.

Sin embargo, se tolera o perdona el uso de antibióticos con el propósito de "prevenir las enfermedades". El 80 % de todos los antibióticos vendidos en los Estados Unidos se usan en la agricultura industrial, y los veterinarios de esta industria continúan apoyando su uso rutinario.

Otro factor determinante puede ser el uso extensivo de los herbicidas, tales como el glifosato y dicamba. Los datos revelan que los agroquímicos y antibióticos en conjunto promueven la evolución de esta resistencia. De hecho, las bacterias pueden desarrollar resistencia a los antibióticos miles de veces más rápido una vez que se han expuesto a ciertos herbicidas en el medio ambiente.

Las investigaciones de campo sugieren que los herbicidas favorecen la capacidad de las bacterias para volverse resistentes a los antibióticos y dicha resistencia puede adquirirse con mayor velocidad de lo predicho en condiciones controladas dentro de un laboratorio.

Más allá de las estadísticas e información, la resistencia a múltiples medicamentos puede ser responsable de más de 90 000 muertes anuales en los Estados Unidos.

Es posible que los organismos resistentes a múltiples medicamentos causen más de 90 000 muertes al año

Desde la década de 1940, se han usado antibióticos para tratar enfermedades infecciosas causadas por bacterias. El primero en darse a conocer fue la penicilina. Tanto este como muchos otros redujeron en gran medida los casos de padecimientos y muertes ocasionadas por enfermedades como la neumonía.

Sin embargo, hoy en día hay una gran variedad de bacterias resistentes a los antibióticos, lo cual hace que el tratamiento sea menos efectivo y aumenta el riesgo de muerte.

Aunque algunas bacterias son resistentes por naturaleza, la mayoría se hace resistente a través de la mutación genética. A estas bacterias se les conoce como superbacterias y podrían ser una señal de que la efectividad del tratamiento con antibióticos ha llegado a su fin.

Cada año, al menos 2 millones de personas en los Estados Unidos sufren una infección por bacterias resistentes a los antibióticos y según las estadísticas anteriores, al menos 23 000 personas murieron como resultado directo de dichas afecciones.

Y hay muchas personas más que fallecen por complicaciones ocasionadas por una infección resistente a los antibióticos. Sin embargo, en un nuevo estimado de la Universidad de Cambridge el número de muertes atribuidas a infecciones resistentes a los medicamentos es cercana a las 90 000 muertes anuales.

Algunas de estas bacterias más comunes son aquellas pertenecientes a la familia Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA, por sus siglas en inglés), el neumococo, las enterobacterias resistentes a los carbapenémicos y los Clostridium difficile. Cada una de estas bacterias es capaz de causar estragos en su salud y provocarle la muerte.

Un ejemplo típico de la vida real sería alguien que se haya sometido a un procedimiento quirúrgico y contraiga una infección. Aquello que solía ser un procedimiento rutinario ahora puede implicar una emergencia médica y una lucha que pone en peligro la vida. Sin embargo, este no es siempre el caso, tal como lo pueden atestiguar la epidemióloga Steffanie Strathdee y su esposo.

La viroterapia salvó la vida de un investigador

El psicólogo evolucionista Tom Patterson y su esposa Stephanie Strathdee habían pasado una semana explorando las pirámides y tumbas en Egipto cuando Patterson experimentó lo que parecía ser un ataque de intoxicación alimenticia. Sin embargo, su estado empeoró con gran velocidad.

Primero fue trasladado en avión a Alemania y luego a la Universidad de California en San Diego, donde él y su esposa eran parte del personal. Las imágenes y los análisis de sangre revelaron la presencia de un quiste en su abdomen del tamaño de una pelota de fútbol el cual estaba lleno de Acinetobacter, una de las bacterias más peligrosas por ser resistente a los antibióticos.

Es difícil encontrar estas bacterias fuera del ámbito de la atención médica y pueden desencadenar infecciones que van desde la neumonía hasta infecciones sanguíneas o heridas más graves. Esta bacteria afecta con mayor frecuencia a las personas con un sistema inmune débil, diabetes o enfermedades pulmonares crónicas.

El final de la era de los antibióticos se ha descrito como una "guerra imposible de ganar" y el género Acinetobacter personifica esta tendencia, ya que demuestra tener mecanismos de resistencia a todo tipo de antibiótico existente. Fue por esta bacteria que Strathdee comenzó su odisea para salvar la vida de su esposo.

Primero encontró una antigua cura bacteriófaga diseñada por los soviéticos mientras buscaba artículos de revistas biomédicas sobre el tratamiento de superbacterias en el buscador de PubMed. Un bacteriófago se refiere a un virus que actúa como parásito. Éste infecta a las bacterias y se reproduce en su interior, devorándolas en el proceso.

Esa fue una de las varias terapias alternativas que encontró para el tratamiento. Strathdee trabajó con la Universidad de Texas A&M y el U.S. Naval Medical Defense Command para desarrollar tres bacteriófagos capaces de atacar a la Acinetobacter.

Patterson no se enteró sobre el tipo de tratamiento que recibió sino hasta que salió del coma en el que había estado durante dos meses. La pareja describe su experiencia como un caso bastante único, ya que recibieron recursos y tenían contactos que muchos no tienen. Esa posición de privilegio fue la razón por la cual pudieron tener un final feliz después de una pesadilla.

Strathdee describió el proceso de convencer a los médicos de Patterson para que intentaran este enfoque como una lucha contra una conflictiva comunidad de atención médica renuente a correr riesgos que se preocupa más por una posible demanda en caso de que el paciente muera al probar un tratamiento experimental.

En este caso, Patterson estaba en un hospital de enseñanza e investigación donde se reconoció que moriría a menos de que intentaran algo drástico.

Hay ciertos virus que son depredadores naturales de las bacterias

Puede que la frase "el enemigo de mi enemigo es mi amigo", escrita por primera vez por el antiguo filósofo indio Kautilya en su clásico tratado sobre economía y ciencia política, "El Arthashastra", tenga un significado relevante en el tratamiento contra las bacterias resistentes a múltiples medicamentos.

Si bien puede que las implicaciones políticas hayan disminuido en nuestra economía global, los virus que combaten a las bacterias dañinas pueden convertirse en nuestros mejores amigos.

También conocida como terapia vírica, esta es la esencia del tratamiento con bacteriófagos en el que se usan virus específicos para combatir y matar bacterias dañinas.

Hoy en día, Strathdee se encuentra realizando dos ensayos clínicos, uno para personas con dispositivos de asistencia ventricular quienes han sido infectados con bacterias que forman biopelículas y el otro para pacientes con fibrosis quística que desarrollan infecciones resistentes a los antibióticos.

En pacientes con dispositivos de asistencia ventricular, el ensayo clínico de fase I/II probará la seguridad, tolerancia y eficacia de la terapia con bacteriófagos en la UC en San Diego y otros hospitales de enseñanza en los Estados Unidos. Este esfuerzo multiinstitucional es resultado directo del tratamiento de Patterson.

Los bacteriófagos, también conocidos como fagos, en realidad son los organismos con la mayor población del planeta, se enfocan a eliminar ciertas bacterias en específico, y se han utilizado durante los últimos 90 años como un medio para tratar las infecciones bacterianas. En resumen, los bacteriófagos son virus que infectan a las bacterias y son inofensivos para los humanos.

La forma en que los fagos controlan el crecimiento bacteriano

Aunque tengan una larga trayectoria de uso, apenas se está empezando a estudiar el proceso. Para poder infectar a las bacterias, la mayoría de los fagos tienen una cola que perfora la membrana de la bacteria e inserta el material genético viral.

Los antibióticos funcionan al dañar las paredes celulares de las bacterias o el mecanismo de construcción de las proteínas en las células, mientras que los bacteriófagos se alimentan de las bacterias y, en última instancia, las destruyen al infectarlas y replicarse, lo que provoca que las bacterias exploten. Esto libera otros bacteriófagos adicionales que matan a las bacterias cercanas.

Un ciclo convencional toma de 30 a 60 minutos y se detiene una vez que se eliminan las bacterias patógenas, sin dejar ni una sola bacteria. Los bacteriófagos son efectivos contra las biopelículas, que son capas hechas de bacterias añadidas y otros componentes extracelulares que protegen a las paredes celulares de las bacterias de los antibióticos.

Estas bacterias forman colonias complejas que pueden requerir concentraciones muy altas de antibióticos y, a menudo, hacen que las infecciones sean muy difíciles de tratar. Por el contrario, algunos bacteriófagos son capaces de romper esta barrera y replicarse dentro de las mismas, lo cual expone a las bacterias restantes a bacteriófagos adicionales y al sistema inmune del paciente.

Además, las terapias con bacteriófagos han reportado tener muy pocos efectos secundarios graves, mientras que todos los antibióticos tienen efectos secundarios. Al usarse a la par de la terapia con bacteriófagos, los antibióticos pueden ser efectivos con dosis más bajas.

La influencia geopolítica obstaculiza el progreso

Los bacteriófagos fueron descubiertos casi simultáneamente por Frederick Twort y Félix d'Hérelle. Según la búsqueda bibliográfica de Strathdee, d'Hérelle tenía una personalidad muy difícil y tendía a molestar a la comunidad médica y científica. Debido a que no había sido capacitado de manera formal, algunos trabajaron para ocultar sus hallazgos.

Se descubrió que la terapia con bacteriófagos también fue utilizada en gran medida por la antigua Unión Soviética, República de Georgia y Polonia, antes de los antibióticos modernos. Para cuando llegó la caída de la Unión Soviética, la Edad de Oro de la terapia basada en fagos había terminado, y solo unos pocos laboratorios continuaron investigándolos.

Al considerar que el acceso a la penicilina no era confiable en la Unión Soviética, Stalin y otros más adoptaron la terapia con bacteriófagos para tratar las infecciones. Tal como lo describe Strathdee: en ese momento apoyar la terapia con bacteriófagos en los Estados Unidos, habría sido categorizado como comunista.

En sus primeros años, la terapia con bacteriófagos se utilizó para tratar la disentería y el cólera. En un estudio, solo el 37 % de las personas que padecían cólera vivían sin haber sido tratadas, mientras que el 92 % de las personas tratadas con bacteriófagos sobrevivieron.

Con la excepción de algunos países, la terapia con bacteriófagos se dejó de lado, ya que el tratamiento con antibióticos funcionaba de maravilla, al menos hasta esta última década.

Además, es más difícil preparar bacteriófagos, ya que se deben aislar y cultivar en un ambiente pulcro. Muchos de los primeros productos comerciales eran de baja calidad por lo que esta terapia se desacreditó con facilidad.

Y debido a que un tipo de fago solo puede infectar a unas cuantas especies de bacterias, la selección debe hacerse con mucha meticulosidad. El proceso puede llevar más tiempo del que le queda a un paciente, sobre todo si se usa como último recurso en pacientes graves.

Evite el exceso en la higiene

Los niños que crecen en un entorno higiénico extremo, libre de suciedad y gérmenes, no pueden desarrollar una resistencia natural a las enfermedades, por lo que se vuelven más vulnerables en el futuro.

Es posible que esta teoría, conocida como la hipótesis de la higiene, sea una de las razones principales por las que las alergias y enfermedades del sistema inmunológico han crecido con gran velocidad en las últimas décadas.

Si bien la hipótesis de la higiene solo establece que la exposición a múltiples organismos reforzará su sistema inmune, los avances científicos están descubriendo que esta situación es un poco más compleja. Sin embargo, tratar de mantener un ambiente demasiado estéril puede ser contraproducente y aumentar su riesgo de desarrollar enfermedades agudas y crónicas.

Exponerse una variedad de microorganismos es una de las claves para desarrollar un sistema inmune fuerte y un soporte de mucosidad para una relación simbiótica entre los virus benignos y las bacterias. Puede evitar estar el "demasiado limpio" y reforzar sus defensas naturales al:

  • Educarse sobre las diferencias entre la inmunidad natural y artificial, y tomar decisiones informadas sobre el uso de las vacunas
  • Evitar los antibióticos innecesarios; no olvide que las infecciones virales son impermeables a los antibióticos, los cuales solo funcionan en las infecciones bacterianas
  • Dejar que su hijo se ensucie; permita que sus hijos jueguen en la tierra y en espacios al aire libre (y comprenda que, si su hijo se come sus mocos, no es el fin del mundo)
  • Evitar los jabones antibacterianos y otros productos antibacterianos para el hogar ya que destruyen los microorganismos ante los cuales debe exponerse para alcanzar una función inmunológica adecuada; todo lo que necesita es jabón y agua para el lavado eficaz de sus manos
  • Los químicos antibacterianos como el triclosán (que ahora está prohibido en los jabones de manos disponibles) en los Estados Unidos, son muy tóxicos y se ha descubierto que promueven el crecimiento de bacterias resistentes y superbacterias
  • Consumir carnes orgánicas, de animales alimentados con pastura que hayan crecido sin antibióticos

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